Anocheceres al óleo

Cuando el sol baja, en Tel Aviv parece como si la ciudad entera inmediatamente bajara dos tempos, todo se pone más lento, a la velocidad del sol y su descenso.

Me Muevo.

Me muevo, otra vez. Sin llamarla ni prepararla llegó la hora de partir una vez más, de dejar otra cuevita para siempre. Es como un reloj, un período exacto, una rutina de mi vida que ya no puedo controlar. Esto de partir. Y ya no me cuesta tanto… Duele un poquito el corazón pensando en... Leer más →

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