APRENDER O PERDER.

No ser parte del problema.

Está bien, lo acepto: tuve suerte. En esta, y en las otras que me han tocado. Es cierto que hay situaciones peores, proyectos atrasados, planes frustrados, viajes cancelados, gente sin trabajo, negocios cerrados. Que hay vidas pendiendo de un hilo, justo en este momento en que escribo, sentada en mi sillón, tomando café, a las dos de la tarde.

Yo tan solo estoy otra vez aburrida, por no saber que hacer de comer, dando vueltas por la casa a las tres de la mañana, molesta porque no hay nada nuevo en internet. Perdiendo en el Candy Crush. Buscando el pelo al huevo en los que toman las decisiones, mientras yo me tengo que quedar tranqui en casa.

Es cierto, soy una de las que tuvo suerte (toco madera, tiro sal por sobre mi hombro y doy gracias a todos los dioses y duendes). Tengo techo, comida, un compañero que me hace el aguante; tengo café, tengo plantas y mi preocupación es cuando podré volver a la playa. Es cierto: es superficial, tuve suerte.

También es cierto que si hoy estás leyendo(me) desde tu compu o celu, compartimos los mismos privilegios que a otros se les han negado.

No te enojes. No está mal. No es que hayamos vendido nuestra alma al diablo (por lo menos no por ahora), ni que hayamos aprovechado la desgracia de los otros (quiero creer), para hoy estar sentados navegando por la web. No es nuestra culpa que esto haya pasado, que hayamos salido, o que podamos contagiarnos, o que se haya expandido porque no escuchamos.

Yo pensé que no iba a llegar. Que China y el virus estaban re lejos, que se iba a morir (el virus) allá. No presté atención a las advertencias, porque una gripe común mata más gente, porque el 1% de la población no es importante… Que un enemigo invisible no me va a impedir seguir con mis cosas, que como voy a quedarme en casa, que como voy a dejar de abrazar. Todas las conspiraciones, todos los reclamos, todos los viejos rencores, todas las paranoias. Todo. Y cuando Italia se vio afectada, me di el lujo de decir “bueno, no viajaré por esos lados.” Y después España, Francia… y así.

China es parte del mismo mundo en el que vivo, no estamos tan lejos como parece. A menos de once horas, en el vuelo más caro. Es un país como en el que vivo, donde hay personas como yo, que también pensaron en todas esas cosas, que no prestaron atención, que cometieron errores. Cometimos errores. Errar es humano, dicen. Aunque quizás muchos ya no pueden elevar la voz para admitir sus propias equivocaciones.

Bueno, entonces ¿qué hago con esto? Las opciones -para mí- son dos: o soy parte del problema o soy parte de la solución. Aprender o perder.

Hace poco, en estos días de incertidumbre general, una palabra -un concepto- apareció con la fuerza de un maestro: RESILIENCIA.

No es la primera vez que debemos hacerle frente a los problemas, que los planes se ven arruinados, que las cosas no salen como queríamos, que de repente nos sentimos ahogados, presionados, encerrados. No es la primera vez que no sabemos que mierda vamos a hacer de nuestras vidas, que no estamos conformes con la porción que nos ha tocado, que pensamos que nunca vamos a salir de esta, que nos aburrimos y embolamos. Que tenemos miedo, que estamos asustados.

Para nadie ha sido fácil transitar esta vida. Ni la más lista, ni el más fuerte, ni lxs más valientes han logrado salir solo de los problemas. Siempre hubo alguien que nos (em)pujó, alentó, o inculcó algo. Alguien confió en que podíamos superar los obstáculos. No vinimos solos, nos trajeron, nos crearon.

Será momento -otra vez- de adaptarse, de aprender, de ser positiva, de ayudar al otro, de tener paciencia. De no ser parte del problema.

Esto recién está empezando. Y no hablo del virus y la pandemia, hablo de nosotros como humanidad, como personas. La historia se está reescribiendo y, finalmente, podemos hacer el cambio.

Cuando leí el significado de resiliencia, me embargó una sensación rara, como cuando te estás enamorando. Ese apretujón en el corazón, esa sensación de que te están mirando. Palabras que llegan justo cuando las estás necesitando.

Ivana Taft.

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