Diciembre Mood.

Reflexiones de una bicha de ciudad.

Empecé el año 2019 mudándome de casa. Más que de casa: de ciudad. Ahora vivo en “Capital”, primera vez. Siempre fui del interior, bien del interior.

En contra de mis miedos, no necesité demasiado para adaptarme al quilombo de concreto. No me costó mucho reconocer que soy un bicho de ciudad. Que las luces, la gente y el balagan* es lo que me entretiene y lo que me inspira. Mi mamá siempre me dijo que soy una pata de perro, callejera, y yo creo que tiene razón. Ella me ha escuchado tantas veces ladrar por salir, aguardando que la siesta acabe, que la gente despierte y que el mundo vuelva a moverse. Andar callejeando siempre ha sido mi escape consciente, buscando afuera lo que no encontraba en mi mente.  Y -parece que esa exigencia- va muy bien combinada en esas ciudades que nunca duermen, que a toda hora hay alguien vagando en sus calles o en sus mentes. 

Y afuera la ciudad late con fuerza. La siento. 

Tel Aviv -Israel- 2019

Pero pensé que no iba a encajar si me instalaba en ella, lejos de mi tierra de siesta y acequias. Que me iba a devorar viva, que me iba a desarmar en millones de pedazos, que me iba a perder en la furia de las bocinas o en las avenidas.

Parece que en sus calles florecí. Una parte de mí resurgió gracias a ella, no como algo nuevo, si no como algo que estuvo mucho tiempo dormido. Me terminé de armar, de encontrarme. Me sentí más segura mezclada con tanta gente, con tanta música, tanta variedad en el ambiente. Sumergida por sus venas de cemento, soy parte de la corriente. Y me sentí única.  

Afuera, la ciudad espera paciente a que me reconecte. 

Tel Aviv -Israel- 2019

La escucho llamándome insistente. Con sus cócteles de pluralidad creciente y el olor a pis de gato perfumando cada esquina. Con sus pestañas de mar salado y su espectáculo incesante cada vez que el sol se esconde en el horizonte. La ciudad me invita a perderme en sus callecitas estrechas bailando con ella, pintandome la cara con sus murales y con sus ventanas de ojos abiertos. Me coquetea, me seduce, me enamora. Y me espera con lunas nuevas cada noche.

La ciudad me llama, me voy a la calle, a ladrar un poco.  

Ivana Taft

* balagan: desorden, confusión. Palabra hebrea: בלגן

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