No vengas.

Maldita espera.

No quiero esperarte sentada, viendo como lo acabas con todo. Quiero planear el encuentro, estar preparada para enfrentarte. No tenerte miedo, ni odio. Quiero poder manejar el momento, tener el control, no quiero que me abraces con tus brazos fríos e irónicos, sabiendo que te has llevado todo. Mejor no vengas.

Cementerio .Londres.2016

No es un problema de ansiedad, aquí ella juega a mi favor. Es un problema de poderes, y la impotencia de saber que ante vos yo no soy nada, que vas a hacer lo que te venga en gana, esté yo preparada o no.

Quiero sacarle el drama y el romanticismo a tu inevitable presencia, quiero reírme en tu cara, que te sientas una mierda. Quiero lastimarte, como vas a hacer conmigo, y que recuerdes para siempre que he sido yo la que te ha hecho daño.

Pero ¿a quién le hablo? Si ni siquiera vas a escuchar mis reclamos. No quiero tampoco rogarte, porque sé que va a ser en vano. No quiero tranzar con vos ningún acuerdo, ningún trato, porque al final sé que saldré perdiendo. Lo que te ofrezca nunca será suficiente, lo que te lleves siempre será demasiado.

Tel Aviv. 2018

A veces quiero que me digas cuando vendrás, la hora, el día exacto, a veces quiero saber que no llegarás, que te olvidarás de mí, que quizás tengas otras cosas más importantes que hacer, otro tiempo que matar.

No creas que te espero con mis mejores ropas y perfumada para la eternidad, no creas que quiero abrirte la puerta, no creas que tengo algo bueno para darte, no creas que alguna vez voy a poder perdonarte. Odiarte será inevitable. No vengas, por favor, no vengas.

Al final, sé qué harás lo que quieras, que no soy la primera que te habla, que te insulta y que te bardea. Sé que tenés más tiempo que yo en este mundo, y que estarás acá cuando yo me vaya, que todo será por tu culpa, que eso no te conmueve para nada y que mis palabras serán solo excusas, porque lo que vendrás a hacer, será siempre inevitable.

No estoy lista, no voy a estar lista cuando llegues. Nunca voy a estarlo. Aunque me prepare, el café esté caliente y el último pucho se apague lento en el cenicero, no voy a saber cómo recibirte, ni que decirte cuando te vayas. No vengas.

Ivana Taft

San Juan. Argentina. 2016

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