Tres años “afuera”

Hoy se cumplen tres años de estar afuera. Tres años ya! Mierda… sin planearlo o poner un recordatorio en mi almanaque lo recuerdo. Si, ha sido de esas grandes cosas que uno siente que hace en su vida. Y revolviendo, revolviendo, entre mis pensamientos, recuerdos, fotos y textos, encuentro éste, que escribí el primer año que contaba estando “afuera”. Lo copio y pego así como lo escribí ese día, en lápiz y papel, con todos esos tesoros desparramados sobre la mesa. Feliz aniversario a mí. Gracias por leer:

Hoy se cumple 1 año (3 de septiembre 2015) desde que crucé el charco con dos maletas del tamaño de un cajón cada una y una mochila aferrada a mi espalda como si fuera un paracaídas. Aun no sé muy bien porque me fui, pero las certezas nunca fueron mi fuerte. Hoy se cumple un año de estar “afuera”, viendo con mis ingenuos ojos lo que hay más allá de las montañas. Ahora tengo 4 sombreros (indicio de una nueva y obsesiva colección), el termo lleno de stikers, el Indio rengo y el pelo más largo. Tengo una maleta llena de tesoros infinitos y recuerdos invaluables y hojas y hojas escritas con todo lo que no puedo captar con mi cámara. Detrás de la montaña me encontré con un horizonte libre de ella, tan libre e infinito de su monumental ausencia, que logró que mi desarraig se expandiera sin fronteras. Encontré que las lenguas ya están todas mezcladas, como la música, la comida y la piel. Descubrí que los LATINOS somos todos hermanos y que, al fin y al cabo, por ciencia, creencia, historia o religión, terminamos siendo todos una gran familia. Que el mate será siempre novedad para el “gringo” y que en una reunión de desconocidos argentinos es símbolo indiscutible de PATRIA. Messi, Maradona y el Papa son las estampitas que representan en el extranjero mi país de pertenencia. Por suerte hay muchos argentinos anónimos desparramados por el mundo que demuestran que somos más que jugadores de fútbol y expertos en religión (con el respeto al deporte nacional y el perdón de Dios).
respeto al deporte nacional y el perdón de Dios). “Afuera” a mí me hace falta, en muchos momentos y en distintas circunstancias, el calor de mi perra La Flaca y del sol de San Juan, la siestita sanjuanina y sus calles dormidas, el otoño, la esquina de Caseros y Córdoba. Noté la silenciosa ausencia de los domingos en la plaza y el andar errante de mi oxidada bicicletas. También descubrí que el peso de las lágrimas depende de la razón por la que lloro y que NO siempre son amargas. Aquí no hablo de amigos y familia porque el que salió alguna vez de su zona segura entiende que a la distancia las verdaderas amistades se solidifican y la sangre tira como si las raíces invisibles que me unen con mis hermanos estuvieran más vivas y conectadas que nunca con el vientre de mi madre. Lo que quiero decir con todo esto, es que la vida es un viaje y que dar vueltas, o darse vueltas, o encontrarle la vuelta, DA VIDA. No importa si es por tu barrio, por tu casa, por tu cabeza, por tu ciudad o por el mundo: VIVE!!!!!

Ivana Taft

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