Yo Soy Esa.

Ya no puedo asegurar que me conozco. No puedo decir con certeza que sé con lo que voy a salir, o a donde mis decisiones me van a llevar… o si ESAS realmente son MIS decisiones. Todo el tiempo me desconozco, me reconozco y me vuelvo a desconocer. Cada vez que me miro al espejo hay un nuevo reflejo de mi a la cual no siento pertenecer.

Sospeché que mi nueva década me había dado una cruda y real bienvenida a los 30 y que ahora mi mente y mi cuerpo decidían separarse y cada uno tomar decisiones individuales, sin importarles que yo, Ivana, estuviera o no de acuerdo.

A veces culpo a la nostalgia, que cada vez se hace más pesada y vieja para superar lo que ya pasó. Y a veces culpo a la ansiedad que me agita y hunde y que todo el tiempo está cambiando de planes. A veces, en mis momentos más dramáticos, culpo a la soledad que silenciosamente me persigue y me cela.

Pensé que, quizás, era por haber emigrado, por haber volado lejos del nido, por haber cruzado la montaña, por haberme perdido en calles con nombres indefinidos. Pensé que me había enredado, que mi personalidad se me había mezclado con otras mientras esperaba mi pasaporte en algún aeropuerto gris de una ciudad cualquiera en ningún horario. Pensé que me había quedado dormida en alguna estación de metro sin nombre. Mi cabeza directamente había dejado de avanzar, exhausta de tanto andar saltando entre frecuencias y pensamientos y había abandonado mi cuerpo a la deriva en alta mar, como tantas cosas que uno deja intentando no mirar atrás.

Pero no me perdí en una estación de tren. Mi yo no quedó olvidado entre maletas en ningún lugar oscuro. No se mezcló mi perfume entre frutas y verduras en algún ruidoso mercado. La sal del mar no cambió el sabor de mi piel y tampoco el timbre de mi voz ha cambiado con el viento. Simplemente he sido ingenua al creer que me conocía, que sabía exactamente lo que iba a hacer, a donde iba a llegar, de quien me iba a enamorar, a quien iba a olvidar, a “que” iba a ser fiel y porque iba a traicionar.

Yo me desconozco y me reconozco. Soy todas esas voces que despiertan en días cambiados, que se mezclan adentro mío. Soy la que se congela en una heladera vacía por miedo a pensar, y soy esas que se pelean a gritos mientras con agua caliente las intento calmar. Yo soy esa, la que llora de alegría o se entristece un día ahogándose entre las sábanas. Yo soy esa que ayer creía tenerlo todo controlado y ésta que hoy se cree anarquista en el amor.

Nunca me conocí completa, porque el espejo siempre me devuelve una imagen en proceso, una construcción, una materialización de una fracción de mí, jamás de mi todo yo.

Hoy me reconozco y me vuelvo a desconocer. Me miro al espejo y me encojo de hombros: quizás tarde toda mi vida en poderme comprender. Mientras tanto seguiré extraviándome en las rutas de mi cabeza o en alguna calle solitaria de una ciudad que tampoco llegaré a entender del todo.

I.T

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